Sinagoga Portuguesa
Sinagoga Portuguesa

El barrio judío de Ámsterdam: qué fue y qué queda

El Jodenbuurt, justo al este del centro histórico, fue el corazón de la vida judía de Ámsterdam durante más de tres siglos. La mayoría de las personas que vivían allí fueron asesinadas en la Segunda Guerra Mundial, y la mayor parte de sus calles se demolieron después. Quedan sus sinagogas, unas pocas casas y sus monumentos conmemorativos.

Quiénes llegaron, y por qué aquí

Los primeros judíos que se establecieron en Ámsterdam, hacia 1600, eran sefardíes: familias de Portugal y España a las que se había obligado a convertirse y que aquí podían vivir abiertamente como judíos. En las décadas siguientes se les sumaron judíos asquenazíes que huían de la guerra y la persecución en Alemania y Polonia, más pobres y pronto mucho más numerosos.

Antes de la ocupación alemana nunca estuvieron recluidos en un gueto. Se instalaron en este barrio porque era terreno nuevo y barato en el borde de la ciudad, y se quedaron porque la comunidad estaba aquí. La mayoría de los gremios les estaban vedados, así que trabajaron en los oficios que no lo estaban: los diamantes, la imprenta, el tabaco y la venta ambulante. El filósofo Spinoza nació en el barrio en 1632, y Rembrandt vivió en su calle principal.

Dos sinagogas frente a frente

En la década de 1670 las dos comunidades tenían ya la confianza suficiente para construir a la vista de todos. La Gran Sinagoga asquenazí se inauguró en 1671 y la Sinagoga Portuguesa, mucho mayor, en 1675, en lados opuestos de la misma plaza. En una época en la que los católicos de la ciudad tenían que esconder sus iglesias, eso dice bastante de cómo trataba Ámsterdam a quienes le eran útiles.

La Gran Sinagoga y otras tres posteriores, contiguas a ella, alojan hoy el Museo Judío. La Sinagoga Portuguesa sigue usándose para el culto.

Qué le ocurrió

En 1941 los ocupantes declararon el barrio gueto judío. En febrero de ese año, la policía alemana lo acordonó y detuvo a más de cuatrocientos hombres en la plaza que hay entre las sinagogas, lo que desencadenó la Huelga de Febrero. A partir de julio de 1942 sus habitantes fueron deportados. Al terminar la guerra el barrio estaba vacío, y durante la hambruna del último invierno sus casas abandonadas se desguazaron para hacer leña.

Lo que quedaba se derribó en las décadas siguientes, para abrir una calle ancha y después para el metro, pese a una protesta feroz. El ayuntamiento y teatro de ópera que hoy se levanta en el Waterlooplein se construyó en el solar de la parte más antigua del barrio. La estatua del estibador señala la plaza donde tuvo lugar la redada.

Junto a la Weesperstraat, la calle ancha, se inauguró en 2021 el Monumento Nacional a los Nombres del Holocausto. Sus muros de ladrillo llevan los nombres de los más de 102.000 judíos, sinti y romaníes de los Países Bajos que fueron asesinados y no tienen tumba.

Dónde verlo

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