Nadie sabe quién traicionó a Ana Frank, ni si alguien lo hizo. El 4 de agosto de 1944 hubo una redada en la Casa de atrás, pero no se conserva ningún documento sobre ella y nunca se ha probado la culpabilidad de ningún sospechoso. La Casa de Ana Frank dice que la traición misma nunca ha quedado demostrada, y que la policía pudo haber ido al edificio por otro motivo.
Lo que se sabe
El 4 de agosto de 1944 unos agentes de policía llegaron al número 263 del Prinsengracht y encontraron a las ocho personas escondidas en las habitaciones de la parte de atrás. Detuvieron a las ocho, y a dos de las personas que las habían estado ayudando. Otto Frank, el único de los ocho que sobrevivió, y los protectores coincidieron siempre en la fecha.
Participaron al menos tres agentes. Los dirigía Karl Silberbauer, un austriaco que servía en el SD, el servicio de seguridad alemán, y dos de los otros eran policías neerlandeses. No existe ningún registro oficial de la detención. Casi todo lo que se sabe de aquel día procede de lo que la gente recordó y dijo después.
La llamada telefónica
Durante mucho tiempo la versión aceptada fue que alguien telefoneó al SD aquella mañana y delató la dirección. Esa versión procede del propio Silberbauer. El cazador de nazis Simon Wiesenthal dio con él en 1963, y Silberbauer dijo entonces que había llamado un neerlandés. Pero sus declaraciones no coincidían entre sí, y más tarde dijo que no estaba seguro de que hubiera habido ninguna llamada.
La Casa de Ana Frank señala además una dificultad práctica. En el verano de 1944 las líneas telefónicas privadas habían sido cortadas a gran escala, de modo que un ciudadano corriente habría tenido pocas posibilidades de hacer una llamada así. Su conclusión es que un aviso telefónico nunca se ha probado, y ya no puede probarse.
Los sospechosos
Otto Frank y los protectores estaban convencidos de que los habían traicionado. Sus sospechas recayeron en Willem van Maaren, que trabajaba en el almacén de abajo, y en 1947 presentaron una denuncia contra él. La investigación no probó su culpabilidad, y él se defendió de la acusación. Una segunda investigación, después de que se encontrara a Silberbauer, aportó información nueva y, aun así, ninguna prueba contra él.
Desde entonces, libros y biografías han propuesto un nombre tras otro. La Casa de Ana Frank los ha examinado y concluye que ninguno está suficientemente fundamentado. La lista de personas acusadas en un momento u otro es, según sus propias palabras, demasiado larga para darla entera.
La investigación de 2022 sobre el caso sin resolver
En enero de 2022 un equipo dirigido por un exagente del FBI anunció que muy probablemente había encontrado la respuesta. Dio el nombre de Arnold van den Bergh, un notario judío de Ámsterdam, y sugirió que había entregado direcciones de personas escondidas para protegerse a sí mismo y a su familia. La afirmación dio la vuelta al mundo.
No se sostuvo. La Casa de Ana Frank dijo esa misma semana que la teoría se apoyaba en una serie de suposiciones y que no se había encontrado ninguna prueba concluyente. Dos meses después informó de que historiadores que habían estudiado el asunto habían demostrado que, con la información disponible, no se puede acusar a Van den Bergh de haber traicionado a las personas de la Casa de atrás. La editorial neerlandesa retiró el libro.
El director de la Casa de Ana Frank, Ronald Leopold, formuló el principio con claridad: nadie debería pasar a la historia como el traidor de Ana Frank si no hay pruebas concluyentes.
Quizá no fue nadie
En 2016 la Casa de Ana Frank publicó una investigación que planteaba otra pregunta: no quién los traicionó, sino por qué fue la policía al edificio. En el número 263 del Prinsengracht pasaban más cosas, además de que hubiera personas escondidas. Dos hombres a los que los protectores compraban cupones de racionamiento ilegales habían sido detenidos por traficar en el mercado negro. En el almacén trabajaba un hombre sin estar declarado.
Así que es posible que los agentes fueran por un fraude con cupones de racionamiento o por trabajo ilegal, y encontraran por casualidad a las personas que estaban detrás de la estantería. El estudio no lo demuestra, y no descarta la traición. Lo que muestra es que, tras décadas de investigación, la respuesta honesta sigue siendo que no lo sabemos.
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